Sin olvido

(Fotografía: Pablo GF)

Imposible alejarme de mí misma. Suben las palabras, sin hacer ruido escalera arriba. Camino del desván donde la infancia se vestía de misterio. Era llegar pasando un espejo escondiendo aquel tiempo. Reflejaba el balconcillo de más arriba y, a un lado, la puerta del desván cobijando sombras y una leve ventana para tanta estancia. De una altura colgaba un rudo saco con el espíritu de Tierra Santa. En varios baúles antiguos, un murmullo de antepasados. O al menos sus cartas, algunas ropas, recuerdos y sombreros de mujer muy especiales.  Éramos los salvadores del terrible silencio de su ausencia. Nos colocaríamos sin dudar vestimentas y recitaríamos, más que leer, aquellas cartas. Un mundo estremecedor por perdido pero cálido en los recuerdos. Alguno de los desaparecidos, podían estar semiocultos, satisfechos de no abandonar la casa. Conservaba el desván instantes indicando lo más oscuro y pasos que apenas oíamos. Los sentimientos estaban en pie, a la espera de quitarse miedo. Después, podía surgir un contento total. La vida se reía de nosotros, pero aquello eran inolvidables bellezas con polvo de tiempos. Fuimos dueños de grandes sensaciones y supimos conservar horas de fascinación y encantamiento. Servido el asombro en horas de amor y tierna profundidad.

Elena Santiago