Hechizos y lenguaje. El Norte de Castilla (25/11/2017)

Ignoraba Ella si escribiría en aquel día de niebla con un tiempo inquieto y algo desorientado. Hablar de nubes que iban acercando el sol, apareciendo colores. Ella, bebedora de la memoria y de sus escritos con fuerte carga emocional, gustaba decir con Pessoa «Me tranquilizo escribiendo, como quien respira mejor sin que la enfermedad haya pasado».

El jurado de un premio comentaría que aquel cuento enviado, era encontrar una bella canción consentida. El autor repetía buscando en aquella frase: «Mamá me dice que qué digo», y supieron que aquel iba a ser el cuento premiado. Existen pequeños hallazgos que constituyen fuerza directa, una concreción muy personal. Eran páginas aparecidas sosteniendo la mirada de un niño dando la medida del mundo que contemplaba. Comenzaba de aquella manera confiada:

«Cargué mi cuerpo vestido con la talla de ocho años, para bajar del taxi. La mañana era tanta que le salía la luz por todas partes. Mamá, bulto de maleta, bolso, mano de niño, paquete de papel y billetes, sale al andén. Mamá dice, esto es el andén. Yo quiero saber por qué andén y no anden si es así por donde andan todos. Mamá dice que qué digo. Mamá mira a todas partes como si se buscara, o a lo mejor busca otro tren: ¿dónde está el tren? El tren aún no ha llegado. ¿Y por qué no ha llegado? Porque no es la hora. Entonces, si no es la hora, no tiene que llegar. Mamá dice que qué digo» …

En ocasiones hay frases o un ritmo determinado. Con más o menos sonoridad o resonancias decisivas. Algo de esto hay que subrayar. El autor no es lo que dice sino cómo se dice. A solas. Y seguido de una proyección hacia los demás. Para el que escucha. Primero para uno a solas. Después podría ocurrir mucho, o algo o vacíos. La presencia, la imaginación, amor, dolor, cuanto es vivir o imaginar o percibir, prexistente al aparecer. Se separan o se unen. Ojalá que llegue el lector… y se quede.

«Para escribir considera Saramago, necesito oír dentro de mi cabeza la voz que está diciendo lo que está ahí. Conseguir que el lector atienda más a la voz que al hecho mismo de leer. Yo no pienso para escribir sino que escribo lo que estoy pensando. Tienes que sentir, no quÉ estás escribiendo sino diciendo». Y Ella observa que bueno será conseguir ser una voz adueñada con el sentido, los pensamientos, las emociones. Determinante hasta ser cierto. Formas como pájaros que se sostienen hasta en el aire. Ideas con la hermosura de la Naturaleza. Y tanto más.

De niña Ella decía: «Madre, yo quiero ser ángel o pájaro cuando sea mayor. Para no romper los pasos ni los zapatos».

¿Pero, qué decía aquella niña?

Decía aires de infancia y de un ser necesitando honda llegada a la literatura. Se conmovió ante imperiosos autores conmoviendo, fascinando. Como Cervantes o Quevedo, Onetti o Rulfo, Faulkner, Borges, Delibes, Pessoa, Torga… (Necesitaría felizmente muchos nombres más (una suerte).

«El mundo me ha hechizado», como Quevedo señaló.

También Ella caminaba entrando hechizos y lenguaje. Embrujada de mundo y sentir… (Aunque suene a tango…) Ahondar estética y armonía en una intención creativa. Porque, además, lo dijo Bohumil Hrabal: «Sé que hay que quemarse con lo que no se puede apagar».