¿Artículo perdido o conmovido?. El Norte de Castilla (11/11/2017)

Comenzar… comenzar ¿desde dónde? ¿En un viento apresurado o la calma de una música espaciada hasta en los rincones más nimios? ¿En caminos hollados o en una belleza de naturaleza tierna o agitada?

Entremos y hablaremos de escritores que escribiendo regalaban emociones, intenso vivir, señales de grandes historias.

Atados, a fondo, como si respirasen aire que llegase a inventar realidad y sueños, Escritor o escritora escribiendo poemas, textos, aciertos y alguna huida; apareciendo lo que sostenemos. Tal vez el poeta caminaba y temblaba en tierra sin frutos o soles embelesados o ardientes, reflejados en sentimientos o en el mar. Sus palabras, la memoria y urgentes llegadas a la vida, a su profundidad: amor o sueños, horas guardadas que vestirán su historia. El dolor, lágrimas de estío y conmoviendo situaciones. Entornos e interiores. Sensibilidad y ensueños en figuración desde un pensamiento o fantasía, cubiertos de ayer y mañana.

Cómo llegar, desde la honda pasión acumulando años y años, días y noches creando, sintiendo, concibiendo desde sí mismo a lo más íntimo y calando delicadamente disposiciones de costumbres e inventos, abrigando la bondad y conocimientos de aptitudes más o menos gloriosas desde su estilo, talento e inquietudes. Ciertas admisiones penetrantes o lisas, recibimientos a la hora de distinguir y guardar sus posibles encantamientos. Desde interpretación y transmisión de una música. Vivir y visitar verdad o mentira, aunque manejando acabar en lo verdadero. En un respirar palabras próximas a prodigiosas.

Escribo: «Vivo en el recuerdo y el recuerdo se va escapando ». Abre otra vivencia y hasta su respiración continua. El ser interior crea y se considera un latido o algo temeroso porque es así: historias necesitadas, tocando el sol o lágrimas de luna, camino limpio o tenebroso. Lúgubre es, en el ser humano, el dolor de instantes y tantos momentos de ausencias amorosas.

Dolor que guarda palabras detenidas al crecerse lo que lo oprime corazón y mente; acabando en un todo. Un mundo o cientos, cuantas maneras y veces que hablemos de una riqueza propia o desfigurada, buscada y encontrada, de color y sin color, una destrucción de sí mismo o alejándose, aprisa, donde no ha sido posible llegar: ¿fondo?, ¿orilla? de blanco o negro, en profundo vigor.

Hay que suponer que sabe, acepta, o lo olvida. A punto invariablemente, lo cercano o alejado, pero entero. De hecho alcanza valles y molinos, hombres, mujeres y niños, en diversos caminos. Puede estar peinando el aire o buscando por dónde escapar.

Es cuestión de abrir o cerrar puertas, ventanas y rendijas, sensaciones que provocaban vacíos o temores, miedos asistiendo a sus pensamientos de entrega al público sus creaciones: ¿creación, despedida, o dulzura? No se lo contaba a sí mismo, tantas veces… Y continuaba aquel magnifico repertorio.

Aparecen libros y libros, y aquí guardemos silencio (aunque hay mucho que sentir y decir), pero esa negrura, que existe y es muy general, que no se practica el gozo de enriquecerse con ciertos libros españoles y de otros mundos, disfrutando esa gran verdad. Y añadamos a Hermann Hesse: «Ningún hombre ha sido nunca por completo él mismo; pero todos aspiran a serlo, confusamente unos, más claramente otros, cada uno como puede». Y digo: sin olvidar a los libros auténticos.

Páginas y páginas de lecturas emocionadas, intensas, sonrisas o lágrimas y grandes amores. ¡Como es la vida!