Un tropiezo a medias. El Norte de Castilla (12/04/2014)

Era Remigia Arias, Remi para cuantos la conocían. Y ella, que era perezosa, sentía que todo se le quedaba a medias. A medio sol paseaba hasta el río viéndolo pasar un día y otro, pero quedándose también. A media tarde regaba el jardín distraída entre hojas. Media vida en la media casa y por circunstancias humanas velando los deseos de los vecinos a media amistad. Se le fueron los hijos a medio contento, en un principio. Querían llenarse del inglés y otros idiomas si les quedaba sitio. Desaparecieron, y entonces ella sí que se supo a medias.

Ganas le daban de echar la edad a los tiestos y regarla día a día hasta recuperarla.No era ninguna bobada si acababa medio joven o en hortensia. Cuando uno está solo dice por decir, y coge rabieta a media pena envuelta en sentimientos.

Años de aquello. Se casó sintiendo que albergaba un amor incompleto (¿a medias?) y pronto se supo cansada de aguantar a medias. Tuvieron hijos, la mitad de cuatro y ella tuvo que ir al médico y decir que la vida andaba a trozos, o sea a medias. Y le contó al doctor qué vaya ocurrencia se le había penetrado: todo la alcanzaba partido al medio. El ser humano iba a por todas, era fiel a recoger lo completo para que las cosas y la vida tuvieran sentido, pero… existen los distintos. Ella era distinta Su cabeza era una avaricia – explicó conmovida–, avaricia de vaga y de falta de interés. ¿Que qué le pasaba?

Rodaba demasiado en un suelo que no parecía el suyo. Y no lo era. Quizá, a medias. Una amiga, medio amiga, decía que lo malo era que fuese de cabeza que es la que nos dirige: Que se tranquilizara. Un tratamiento o medicina nunca son a medias; y por ahí podía empezar.

–Es la soledad, mire usted doctor, que me llena hasta el empacho, que me llora recordando los recuerdos (hablaba Remi oscuramente).

La animó. Pero se iban las palabras al techo, a colgarse de la lámpara. Porque ella, claramente, era una presencia a medias.

Se enderezó e, indolente, soltó la palabra: También, doctor, mire usted, ahoramismo ya llevo rato en la consulta y usted dirá que bien podía irme, aunquemi intención es seguir aquí. Debería dejarle libre ya que tiene la sala de espera bastante llena. Pero compréndame usted también, ahoramismo no arranco. Mi mente nome da detalles para comprenderme y para que vea lo nerviosa que estoy… Le explico: las bicicletas de los jóvenes vuelan por la calle. Parece toda suya, y van a por mí. Como poco es media verdad. ¡Un detalle! El otro día que casi me dan con las patinetas y el susto me soltó las lágrimas me gritó el chico:

–¡No la he tocado! –chillaba, alejándose–. Y comenzó con los amigos una juerga y barullo porque yo llevaba un pañuelo rojo en la cabeza y, a medias, oí que me lanzaban: ¡Eh! ¡Di! ¿Eres Caperucita? Meofendió. Y asómbrese, que me añadió: ¿Eres Caperucita o eres el lobo? Y me ofendió hasta el corazón.

–Sería a medias– le sonrió el doctor.

Negó rotunda: No, no. No a medias. Hasta el corazón.

El doctor respiró hondo y resolvió lo que suponía que faltaba y lamandó suavemente a casa. Ni Caperucita ymenos el lobo, le comunicó. La veía bien.Decía más: La veía muy bien.

Y añadió: Bueno, al menos créaselo a medias

Elena Santiago

Publicado en El Norte de Castilla el 12 de abril de 2014