Un sueño iluminado

Es Navidad. El camino salpicando lágrimas de escarcha. El calor llenando las manos de cuantos se dirigen a contemplar el Niño de Belén. Es diciembre y la misma música adivinada entre los inocentes recuerdos.

Desde la infancia contemplamos en el tejado una estrella. Una teja de cristal reflejando la luna; era nuestra y anunciaba el nacimiento del Niño. La única estrella que no se pierde. Se mantendrá encendida para siempre.

No vuela, ni llora, ni cae de cansancio. Quizá mantiene una añoranza, aun pasando tanto tiempo como un delirio que resplandece.

Elena Santiago