Un hombre remoto

Atarantado. Se levanta las mañanas en su habitación con percha de cinco brazos, colgando ropa; y se ríe de sí mismo al mirar sus propios brazos que solo son dos. Va hacia la ventana sin haber aún otorgando la claridad a la mañana y que se encienda más mundo. Se mira al espejo completo del armario y sonríe con toda la cara: “Pues…-se dice- es cierto que he nacido”, y cree que amanece más. Su alma encogida entra y sale por las rendijas del cuerpo. Por la hora que marca el reloj, el mundo ya se mueve. Su mejor amigo, le dijo: <<Los que te conocen dicen que eres una broma>>. Cierto que la verdad es que eres una aparición por tu parte, contando ocurrencias que has vivido. Creo que también lo dicen los que no te conocen (otra ocurrencia).

Que nadie creyese que aquel hombre antiguo, jugaba a perturbado Solo estaba probando. Si los demás iban por otra senda y no eran felices, él era listo de hacerlo a la suya. Y se reía como se ríen los que entienden los inventos. Decía: “Para pedir la muerte pediría nacer. Cambiaría su cementerio por un jardín con magnolias. En vez de lutos, ropas blancas y ni un arreglo en la cara. Finalmente, nada de réquiem y sí música de tango.

¿No era muy complicado?
No. Era arreglar divinamente lo que le gustaba. Era bueno y verdadero.

Elena Santiago