Se acerca el otoño. El norte de Castilla (25/3/2017)

<<Francis Bacon agrega que si aprender es recordar,
ignorar es saber olvidar; ya todo está, solo nos falta verlo>>.

Ya se supo perdida a los nueve años. Aunque agradecida a tantos y gloriosos sentimientos. En aquella edad encontraba buenas caras a su alrededor. Supo de personas que sabían dar los Buenos Días, con amabilidad. Y consideraba el calor del sol. Si llovía jugaba a no llevar paraguas; gustaba de ser parte de la naturaleza, su mejor amiga.

En el otoño soñaba que pintaba los colores de los paisajes, bosques especialmente porque hablaban. En torno, su alma profundizaba colores. Verde y más amarillo, dorado y bronce, jugando a acercamiento al Otoño. Siempre escrito en mayúsculas por ser admirable. El agua saltaba o bajaba desde lo alto de la montaña, bajaba fresca, alegre, haciéndose belleza despertada.

Pero sostenía un final antes de entrar el invierno. Aún faltaban días para pasar un puente que llevaba al camino que mostraba viajes. Tiempo ya pasado de fríos y destrozos (últimamente), que hasta el aire andaba escapando, arrullando o a golpes: en un despiste, transeúnte de sí mismo confirmando una hora revuelta.

Amaba el paisaje, aunque también ella envejecía y perdía colores en el camino. Se cercioraba, muy fija, cerca de un espejo que no conocía la piedad y jugaba a verdades.

Era terrible-creía Borges- que hubiera espejo. Y Poe igualmente, y tantos así lo sentían. Borges lo explicaba: <<el espejo no es el de cristal o de metal. El espejo es un ser humano, es hospitalario y fiel>>.

¿Hospitalario y fiel? Nunca llevaría contrariedades a un Borges.

La soledad no se asomaba al espejo. Se sabía que subía o bajaba. Como la luna. Como el miedo. Como el amor. Los niños preguntan alguna vez: ¿se podía apagar, desde allí abajo, una estrella?

Los pequeños de la casa decían que las estrellas nunca se apagaban, solo se dormían unas horas y volvían cada vez si surgía la oscuridad más negra. Entonces encendían su brillo de luz.

Se despertaban los poetas y acercaban sus sentimientos entre letras, brillos o barro, el camino servía siempre si palpitaba allí un poeta, quien hablaba. Oteando, sentían. Temblaba el dolor y resbalaba una risa muy débil. Los novelistas apreciaban hondamente en un texto de emoción, conmovido estremeciendo palabras abrazado a los pasos en alguno de sus inventos.

Mientras la hora, despierta en las ventanas el día que llegaba llorando o sonriendo. El misterio es diario si se piensa. Sin pensar o sentir no hay escritura ni memoria en disposición. Se alejan los ruidos y entraba la música. Pasos, a la vez, acertando imágenes que asomaban a un mundo. Había que buscar lo mejor y respirarlo. ¿Conmovía? ¿Sí? Pues adelante.

Escribió Pessoa… <<No pienso, y por lo tanto no existo>>. También llegó a decir: <<y la vida quiso venir a verme>>. Más vale, encontrarla y seguro que es la vida. No confundirse. Y cuidar la sensibilidad.

¿Hacia dónde vamos?

Vamos.

Cuidemos el camino y roguemos por un aire limpio, sin catástrofes. Se acercan las primeras flores y los maravillosos árboles. Es muy sano perderse en los bosques, y más sabiendo que ya no están Caperucita ni el lobo.

Bien. Bueno. Estará Caperucita. Y ahora se cuidaba a los lobos.

Pensar desde el bien, hacía buen mundo.

¡Sigamos!

No elijamos la quietud si aprieta. Y más si ya esperan fuertes los mirlos y sus cánticos. El aire y el murmullo de pájaros, es muy bueno.