Nada. El Norte de Castilla (17/01/2015)

Qué extraño este momento en el que aquel hombre comenzaba a sentirse en un mundo de perdición. Conservaba últimamente el miedo a estar en la nada. A nadie se lo dijo porque todos los que estaban a su alcance se encontraban donde pisaban. Donde miraban y veían. Escuchaban y pasaba el viento, o el sosiego, o la maravilla de su música preferida. Había soñado que el mundo se le había quedado apagado, sin el meno reflejo del atardecer. Sólo la luna mirándose en el agua le regaló una visión resplandeciente, descolgando desde lo alto hasta cada cúmulo, nimio o grande, de agua; y aquel charco iba hacia el mar.

Él en la vida nunca había sido mar, si apenas unos botones de claridad en un charco. No era nada eso –se dijo–. Y alguien fue apareciendo por casualidad a explicarle que la luz, por pequeña que fuese, iluminaba y descubría algo de oscuridad. Única forma de abrir con cautela. Hasta un cigarro encendido abría un punto vivo en la noche entera. O lo imprevisto de un cristal en el reflejo fielmente. Habló Balzac sobre la casualidad: «Era la casualidad el mejor novelista del mundo». Cervantes se expresa y deja palpitando otras apariencias y realidades. Y la ilusión y la desilusión.

¿Y a dónde estaban yendo? A decir o aproximarse qué mueve al mejor novelista. Nuevamente el resplandor y la oscuridad. Puede la oscuridad llenar una realidad.

Fortuito fue mundo o estar en un destello, aun diminuto reanimando la comenzar en este hombre frente a la nada, sentado en estos folios para juzgar su angustia y para resolver al menos aquel temor a un tropiezo.

Ha salido a la calle y pretendió, por segundos, irse y recoger un universo para hacer las mismas preguntas cada vez. Un personaje contaba el bien y el mal, y en medio silencio, música o paisaje. En la actualidad escribe un libro cualquiera, hasta el sufrimiento de lo mal escrito. Paga cara la curiosidad quien lo lea.

Nos lo dice don Quijote. Él, desde sus tristes apariencias, vive una  realidad inequívoca para quien ve y oye. Abraza dos palabras: magia y razonamiento. Digamos prodigioso.

El hombre que comenzó esta comunicación de la nada pudo finalmente confluir con el azar, más la emoción de la sensibilidad escondida.

Ah, lo dijo este hombre: Yo soy el escondido, si algún día aparezco puedo tener una novela de 500 páginas. El amor y la palabra son intensos. La muerte y el vacío. El mar (en algunas de las 500 páginas), inmensidad de luz o sombra.

El hombre se estremece levemente: «Mi novela se titula: Nada» murmura.

Elena Santiago

Publicado en El Norte de Castilla el 17 de enero de 2015