Lecturas de vida y asombro

En un hotel de Praga,  en sus ventanas posteriores al edificio,  se vislumbraba muy cerca, muy al lado, un cementerio dentro de un bosque. En el día, sus sombras eran sombras muy quietas, como si la luz sólo estuviese asomada, inmóvil al haber tropezado tanta ausencia. Cada tumba era una historia y esa historia se había ido perdiendo en el tiempo.

Se acercaba la noche y se fugaban los ruidos encubiertos por la soledad. En el cementerio se sentía el silencio, se descolgaba de las ramas de los árboles, se hundía en la tierra como única salida. El bosque se quedaba ciego habitado únicamente por un temblor de diminutas luces de vasos conteniendo lamparitas encendidas. Era imagen clavada en la memoria para encender cada noche.

No era absurdo. Era el acuerdo de ciertas realidades en el aire de un juego literario, donde el bosque es la vida, donde el tronco es el mundo literario y las hojas son páginas de creación. Hay libros que son ramas agitadas por una brisa, por un viento áspero o por un viento dulce. Y hay libros y libros insignes, casi tumbas, donde se eleva una pequeña luz encendida. Asomándose y mirando, se siente y alcanzará el murmullo primero; seguidas la forma y la fuerza de las historias que están dentro.

Lecturas-de-vida-y-asombro2Los indiferentes que pasan de largo hacen de esa realidad, cementerio. Dejan una parte sensiblemente importante de sí mismos en vacío, sin existencia. Existencia que ellos pierden, empobreciendo su espíritu, empobreciendo el saber mirar y sentir el mundo habitado por la belleza que es creatividad, que es luz alumbrando el propio hacer y sentir.

Pasar por la vida como sombras sin interés por el Arte, ampara una humanidad de sombra que cruza sin luces, sin conocimiento, sin el propio crear en el pensamiento y en los sentimientos, con necesidades (lecturas, en este caso) que nos alojan en un mundo indiferente.

¿No es cierto que millones de personas que cargan la piedra de la insensibilidad creen que los libros, las lecturas, son “para los demás”?

Los libros hacen sus guiños, son lamparitas encendidas alumbrando desde la luz hasta la oscuridad. Es una riqueza que cambia a la persona y cambia al mundo. Ignorarlo es tirar al abismo la belleza, el camino abierto en mil caminos, las realidades que existen y otras que se inventan que llegan a hacer pensamiento, progreso y riqueza,  nunca de baldío. Lo grande será grande y nimio lo más pequeño, pero nos enseñará a diferenciar, a asumir, a resolver. Cuánto más contenido más hilos de los que tirar, buscando salidas o entradas, según necesidades.

Y tantas hermosas páginas que colmarán horas de  emoción, intensidad y asombro: ¿es posible que alguien pueda desconocer, rechazar la fascinación, la imaginación y el bello mundo donde se cruzan realidad y sueños?  Negarse, es una afrenta a sí mismo. Es una actitud que nos cierra libertad y las excelencias de la palabra.

Leer, crea sobre uno mismo. Fortifica. Da más vida a la vida.

¿Quién se niega?

Elena Santiago