Fascinación y paisajes. El Mundo (30/4/2016)

ES FASCINACIÓN contemplar los paisajes de Castilla y León donde tanto que ver y sentir en su recorrido intenso y sin fatiga. Nunca perdiéndose sensaciones, huellas de pasos, aptitudes calmadas y otras con imaginación, acercando ideas emocionantes. Cerca y lejos necesariamente, procurando no perderse dentro de la mirada y en la memoria. Desde la claridad amanecida y hasta esconderse la última luz, se alcanzarán cielos con nubes y sombras totales. Suena el agua (soñemos en los Arribes del Duero) y cerca se ondulan trigales en verano, innumerables pinos, molinos que crecen. Como las vides, chopos o castaños. Una ventura para acercarse y pasar sus Vegas, Murallas, y quedarnos tiempo ante el Acueducto, tan imborrable. Captemos sin prisa alguna a respirar eternamente los campos, sus montañas y los últimos vuelos en, ruidos cortos o lejanos de pájaros, o los silencios cumpliéndose con el alma acostumbrada.

Horas sin reloj, sólo la luna reflejando luces muy próximas en el agua que baja algo adormecida. Caprichosamente las raíces de la tierra hacia dentro, a la par descansando bajo los árboles detenidos. Cambiarán a momentos avisos de viento, cumpliendo inquietudes. Sin medida, la naturaleza cercana, enredada o crujiente en brisas que pasan. Los paisajes quedarse en ellos para contemplar y vivir lo intenso. Una realidad, respirando libre. Cuelga, gotea esa dualidad de vacío y plenitud; firme en un encantamiento.

La variedad es una riqueza en sus paisajes, pueblos allí mismo y en lo alto de las montañas. Valles deslumbrantes. Castillos y puentes romanos, invariablemente tenaces en su imagen. Sea en el crepúsculo o luces abiertas, de maravillas que casi hablan, sonríen, también lloran en ocasiones al emocionarse ante tal riqueza de indomables filigranas. Son ocasiones de volver, según qué horas, abiertos de par en par, asomando horas un sol elevándose sin pereza. En parte escondido pero la vida abierta. Ya que paisajes cambian y trasmiten divinidad, en cada provincia. Guardando y recreando en la memoria. En tanto, la vida allí no se asusta. Puede ser hasta tierna o voluptuosa, sumisa o libertina, y apasionadamente entregada: «Nacida en todos los sitios donde pongo los ojos», escribió Huidobro. Es así que se vive más y emocionante ir naciendo donde pongamos los ojos. Amamos lo nuestro, tan verdaderamente nacido.

La existencia de reunidas madrugadas por un lado o la oscuridad entera escondida, a la espera, mañanas de claridades extendidas y brillantes montañas o campos lisos más tímidos. Todo, en una paz tan apropiada para aquel fondo verde o rocoso. Cada Estación (desde la primavera al invierno) en sus caminos, sus curvas, sus entradas. Alrededor una atmósfera con poesía cerca de respirar y abrirse pensamiento y sentimiento a cuanto se abraza con la mirada. Se recogen hechos memorables y conociendo costumbres (algunas de siglos) y gentes buscando lo que les da existencia y muy en paz vivir. Pueblos especiales, ciudades mostrándose, ahondando en su entorno y tanto acercando tierra y cielos. Es inacabable el entusiasmo, casonas y corredores o escalera exterior. Bodegas en tierra, partes que se ofrecen. Valles como ensueños, únicos incitando y conmoviendo un vivir muy aceptado. Hornos. Galerías y tanto más con fragmentos de adorno.

Nombres con el encanto de su Arquitectura tradicional y sus habitantes con comentarios (antiguos, llaman). Dentro de la casa, o en la misma calle pasan paredes tocadas por manos con respeto rozando levemente puertas y paredes cálidas. Cierto que cada lugar sorprende, se guarda lo más propio con fortaleza y amor. Vivos Castilla y León, mujeres y hombres de tierras llenas, palacios o catedrales (espectaculares sus vidrieras) , pueblos y ciudades en un Arte inefable, sublime. Muchas direcciones que alcanzar, maravillas que escribir, pintar, sentir para siempre. Recurrir en variantes sorprendentes donde, igualmente, se alcanzará un encantamiento soñado desde la infancia.

Teniendo dentro lo magnífico y llenándonos por cuanto comunica y llena, aunque también nos libera.

Paisajes, Castilla y León y flores de andrinos. Tan cercanos, tan nuestros. Y debiera señalar balnearios llamativos. Con sus diferencias y alzando aquella existencia, distinta y su pasado y presente. Ambas memorias históricas en sabiduría arraigada, historias repletas en sus espejos, con similitudes y hermosos encuentros, cada uno con sus propias características y estilos peculiares; hasta los rincones jamás olvidados. Pueblos y ciudades, ermitas y conventos, palacios, invariablemente moderados. Con su propia historia y expresiones sobre lo actual y un pasado lúcido e inamovible. Amparando situaciones humanas, maestros, observando patrimonios y actuar ante lo desmejorado. Profunda y positiva disposición, energía y resultados en su relación con apasionamiento y experiencia. Ajustaremos Historia y su dedicación aprendida en verse sin dejar ni los rincones oscurecidos. La creatividad rodea lo prodigioso. Pulso íntimo en dirección única: La Belleza y el respeto. Entraremos rodeados de una sensibilidad latente. Paisajes inolvidables, prodigiosos. La Humanidad para insistir. Desde sus Catedrales profundas a atractivos palomares, inacabables tejados, balcones y puertas de época. Ensueños, altos y excesivos y otros más oscurecidos.

El sentimiento y gloria por siglos, herencia de sus valores desde el pasado a su tiempo. Cada mundo. Sus colores y amor, integridad. Castilla y León, bosques y palabras siempre definitivo. Hasta sus inviernos, bostezando niebla. O rodeados de nieve cayendo, variando el paisaje: relieves y fríos. Y una entrega distinta o semejante.

Asombro en sus historias. En sus contemplaciones. Un total en un infinito sublimado donde habita fantasía y misterio, sosteniéndose. Hondura de ofrecimientos como para ir señalándolos con los picos más altos, idealizándolos. Empinado permanecerá a la mirada y mente persistiendo. Recibiendo viajeros del mundo deseosos de conocer, sentir, sentir pensamientos y fascinación. Calando encantos románicos o avanzados, aliado a un vivir de pasado y presente, sosteniendo un pasado bellísimo. Y también, antes y ahora más especialmente aún, gastronomía y sus magníficos vinos. Sí se crea una felicidad, sube agradecida.

En cada temporada se afila el calor, el frío, el temblor, pérdidas o nacimientos. Cada muestra es una excepción. Un secreto, entre miles, con su propia fuerza alcanzando lo extraordinario. Hablemos de los Picos de Europa. Acariciar sonidos de campanas al vuelo y abajo mi río Órbigo donde nos bautizamos cada verano. Estremecido mundo, recortado y colocado en nosotros (dicho con amor y cuidado).

Sin cabida para el olvido inmensa palabra Humanidad, Castilla y León hacia todas sus direcciones. Dicho con música y orgullo y hallazgos sorprendentes, definitivos.

Nuestras, de todos, grandes realidades. Certeza que verifica todo lo comentado: Provincias de mirada amorosa y conservar en alza, intensos mundos. Profundidad de emociones rezumando sabor de costumbres. Sentimos y guardamos un asombro.

Susurran Las Medulas, (gusto en nombrarlas) con su historia a las espaldas. No equivoca nada, ya que en nada resta a tantas Provincias. Sus versiones de donas, princesas y ondinas. La ondina Caricea, gnomos, rostros y señales fantásticas y quien asegura que la ondina adivina los capítulos siguientes. Hay tesoros en sus terrenos. Comenzando por ellas mismas.

Susurrando árboles (los mejores amigos).Entendimiento de tanto que nos alcanza. Nos custodia. Su subsistencia tiene que ver con el encantamiento. Finalizar cuando se habla de lo mejor, es como contar fascinación: Aquí música de Bach, Verdi, Mozart… Complementando la emoción, ante cuanto tenemos y disfrutarlo. Aun los bosques envejecidos pero con mucha vida en pie. (Esto es un ejemplo a seguir). Necesario musitar con Huidobro: «Toco la tierra que me bendice y logra vivir más».