Esos momentos. El Norte de Castilla (20/09/2014)

Ni se sabe el porqué de estar escapando el final del verano empujando los números del calendario sin consideración (o lo que sea), y con tan gran apresuramiento.

Nos alejamos al final de agosto a esa maravilla que es el Norte y el mar estuvo realmente bravo pero con bandera amarilla o azul que nos permitió caminar (¿caminar?) en olas de un alto y bajo atrevido e ideal al ampararnos y soltarnos dando un tiempo a recuperar el cuerpo y volver a mecernos o darnos la espalda.Olas en la playa de Santa Marina, fuertes y agradables, muy altas, donde acabábamos en momentos de vals revuelto, más su risa y la nuestra.

Caminamos. Fuimos los más altos de aquella hora al llegar al vértigo y maravilla de los acantilados Castru Arenes que observamos cual hueco de lo imposible hasta abajo. Alborotaban con un arremeter las olas contra las rocas conquistadas para ir amoldando lo inmenso sin finalizar con los gestos, grietas por donde subían ramos de viento y agua, belleza, luz o niebla (según momentos).

La bruma causa esa sensación de misterio envolviendo picos rocosos e imaginativos creando rostros espesos en los peñascos. Es interesante imaginar un cuento en el que aparecen y desaparecen palabras muy ceñidas a las montañas, muy tensas a unos personajes que andan perdidos por lágrimas de una humedad y atascos de lo inmenso rudo y llamativo de piedra y ramas verdes firmes hacia lo alto componiendo la imagen completa.

Los pasos firmes nos ayudaron en el regreso, hasta abajo donde esperan olas y sol alborozados. Un clamor el mar y nuestras voces. Transparente. Verde o azul. Gris o espejo, cubriéndonos la mirada.

Se acerca una felicidad que es libertad y salpicamos cualquier exaltación. Estamos en brazos del paisaje, en una hora que acierta a bajar sensaciones llamativas.

¡Soy yo!, grita la vida. Tanta voz, impresionable de gustosa, esperaba la playa del descanso.

Volveremos. Y seremos aún más nosotros que la última vez. Nos abrazaremos a nosotros mismos y firmaremos en la arena la palabra regreso y ser nuevamente mar, aire pequeño y calor lleno.

Pero al llegar a la ciudad, a la casa, nos mira decisivo el calendario con la rigidez exagerada de quien manda.

Elena Santiago

Publicado en El Norte de Castilla el 20 de septiembre de 2014