Es la palabra que tiembla. El Norte de Castilla (28/1/2017)

No sé si alguien lo sabe. Que el jardín tan lleno de enredaderas y camino de tantas flores se ha helado y llora por todas partes. El silencio está en la casa. Y los sueños escritos de día y noche colgándose en estas páginas. El invierno alarga su frío y los pensamientos del pasado. Suben y bajan calzando lejanos pasos contemplando algunos cuadros en la escalera de piedra detenida. Se cuelgan recuerdos en el pasa manos y pasa almas. ¿Sonaba abajo el piano? Suponía más encuentro antiguo; lo utilizaban sin tocar apenas sus teclas. En el anochecer (Verdi entre otros) estremecida música y voz alzándose desde el pasado a aquella hora ardiente.

La casa apretada, paredes y paredes, puertas y puertas, ventanas y balcones. Dibujados desde aquella historia con palabras incansables, contando. Los rincones oscurecidos sosteniendo vidas varias de antepasados palabreando en el lenguaje de la añoranza (aun no estando) en la casa. Detenida la belleza en presencia que guardaba tanta vida. Ellos y su largo tiempo, tantos amores, risas y oscuridades, creencias firmes o frecuentes lágrimas (cantidad de vida y sus muertos).

¿Reconocía, aún, el pasado? ¿La reconocía? Se atrevió ella a abrir la memoria de par en par. Y el misterio de estar latiendo la casa estremecida o sonriente. Venturosa realidad de tantos años, vidas, costumbres: como acercarse a comprar chocolates en Astorga. Se repetían las horas y (cosa muy buena) agradecían su estancia en aquel mundo de bellos recuerdos (cementerios a un lado). Porque bello era vivir y bellos nombrados destinos abiertos. Aquel tiempo. En ocasiones, era de cine…paseos con caballo en carruaje de dos ruedas, para ir al monte.

Lo bueno lo disfrutaban. Recibir amigos que no dejarían de serlo. Sin apartar especialmente los hombres sus barajas y juegos. Alguna vez, nos contaron, los visitaba el poeta Panero (padre). Era esencial la amistad. Y algunas personas dignas de una fábula muy curiosa. Según se ampliaba aquella historia.

Si ellos se asomaran ahora a conocer el mundo (mundos) que respiramos en la actualidad, morirían nuevamente, asustados y estremecidos. Sería vivir un tormento, lluvia de piedra, ruido y rayos, una emoción con espinas en el suelo, pisándolas). Sería torrencial. Amor desesperado.

Allí, en aquel lugar, incasablemente, ya con mi tiempo, urgente era subir escaleras de un estilo especial, entrar en cada habitación o en ambas galerías como si se llevaran encendidas cien lámparas para ver, sentir que la verdad más grande y mejor de mi vida es este pueblo (Veguellina de Órbigo) era el pueblo, sus gentes, la casa, el magnolio de otro siglo. A pocos minutos, el río yéndose.

Y decir con Juan Gelman, con mi temblor de sentimiento:

<< lo que me diste
es palabra que tiembla
en la mano del tiempo
abierta para beber/

callada
está la casa
donde nos besamos
adentro del sol>>.