El verano no es tan bueno. El Norte de Castilla (16/9/2017)

Le encontré casualmente y observé que estaba como siempre. Su imagen era una cabeza escapando del afilado cuello. Su aptitud alta y su gesto caído. Cada mañana, solía decirlo, opinaba bien sobre la necesidad de ser y decirse y cuando la edad  era ya muy cargada de fechas (y a cualquier edad), contarse que había que sonreír. Saber claramente que vivir era lo bueno. En este encuentro nuestro explicó que sus sentimientos vencidos, se arreglaban. La amistad ennoblece si hay afecto sincero. Pero ocurría que, actualmente, se había hundido en aquel presente de todos, se ahogaba y ahogaba el futuro. Difícil plasmar buena cara ante cuanto ocurría en nuestro país y en el resto del mundo. ¡¡ Era tan excesivo!! que hasta el aire lloraba (a pesar de aquella exagerada sequedad larga y dañina).

Opinaba que difícil era, casi imposible, disfrutar el verano bien recibido con urgencia de respirar mejor y sentirse más libre. Incluso como su amigo y ella que se  habían acomodado en Asturias donde se encontraban aquel día tan fortuitamente y brindando con sidra que suavizaba  el  momento, dado que pisaban aquel hermoso lugar. Aunque problemático mientras el mundo se rompía y avasallaba cientos y cientos de muertos. Tantos horrores extendidos.

Incapaces de ordenar sus cabezas porque  amaban al prójimo, viendo y sintiendo, leídas las noticias, oyendo atropellos y dolores destrozando el vivir y vivir templadamente, sin tales desafueros.  Debería alejarse el odio y  no rodearse de la falta de justicia y humanidad. Muerte de tantas mujeres por su hombre. Niños maltratados. Viajes por carretera con seres durmientes, y prisas o confusos movimientos.

Teníamos y tenemos, día a día, desasosiego de enfrentarnos con horas asustadas y el pánico de encontrar amaneceres zanjados, destrozados, aparecida la sin piedad destrucciones de ruidos explosivos acumulando víctimas. La vida estremecida entre miedo creciéndose. Horror contra niños y mayores, pasando al nombre de la muerte. Desaforadamente gritan el respeto y el amor. Abriremos, de par en par, arte y palabras como dulzura, belleza, amistad…,  para de alguna manera limpiar tanta miseria.

Que el universo entero temblaba y se dolía. El fuego, montañas, pueblos enteros, naturaleza prodigiosa, campos, hogares. Bosques desapareciendo pasando a ser total oscuridad. Fuegos, agua  desbordada deshaciendo lo hecho; alcanzando y demoliendo. Huracanes y guerras, tantas pérdidas en larga lista donde el terror se ajusta. Rota la paz, cuánto mantiene esa paz. Perder tan angostamente lo que es vida. Y las llegadas de personas por el mar a la costa en busca de salvación. Profundos e inmensos comentarios a tantas heridas.

Tristeza sin pausa y sin descanso. El mal inacabado. La esperanza rebelada oteando entrar. Mientras, volvamos con quien traba conversación y sidra. Nos detenemos. Y resolvemos, sin embargo, con el último brindis por buena vida para todos. Lo mejor. ¡Porque sí que existe!