El buen caballero. El Norte de Castilla (23/4/2016)

De alerta ante la vida que le parece que disculpó sin descanso, el buen caballero. Profundo, pendiente de situaciones e infortunios  El tiempo de don Quijote  continúa sosteniendo siglos de realidades  recónditas, conmoviendo o dificultando su pensar y sus horas. Dificultades para hacer comprender sus formas  débiles o envalentonadas.

Caballero de la claridad hasta en las sombras. La lanza  fisura en el viento como aviso el desequilibrio  de unas gentes vivientes que  busca  y busca un intento  como evasión arrastrando su ayuda en cuanto que lo abra un dolor o un miedo; una ayuda  en sedición, tumulto fuese cierto o imaginado.

Qué mundo en su cabeza llena y  extensa, o confusa y buscando misericordia juntamente. Oh señor, ¿hablaba del señor burlado aun en lo menesteroso un destino donde vivir sólo vivir pero hasta recordar su universo procurando mitigar malas intenciones. Sus pensamientos  topando siluetas con movimientos extraños agotando a seres ofrecidos a defenderse.

Soñaba mundo con  justicia, soñaba gentes donde la mujer decía el nombre de don Quijote procurando que venciera mares de noche y mares soplando vientos de sal enardecido. Oh extraños momentos. Cómo borrar malquerencias o desbaratados enemigos. Ya que dispuesto a dar consejos podía existía la necesidad de ser y ser más, se orientaba en aquellas palabras y situaciones desbaratadas. Contando sin fin los días haciendo historia y provocando ensueños donde no estaba, o no de manera adecuada. Aquel mundo propio, preferible donde arreglaba lo inconveniente. Iba a respirar mejor y, hasta, en fila, a la no muerte. Caminante, caminante, dispuesto a conseguir que escucharan sus auxilios. Adelantarse era muy sano. Las necesidades habrían indicado  previsiones. A él también. Recurría a llegar a su casa buscando dineros y camisas. Y también entraba su escudero, muy pobre y sin herederos, que creyó adecuado que le acompañase, como servidor concediendo igualmente una compañía o salvándolo de cuanto le cubría, ya que él dominaba y exponía campo ancho y pensamientos imparables arreglando vivir Con ansias tomaba el camino, tan alborotada unión del horizonte y la naturaleza, que se componía en fascinado lugar que el campo se salpicara de trinos de pájaros. Además de colores limpios o llorones al salpicar.

Su cabeza suplicaba fantasías, tan amigas de su mente y de un movimiento enderezando memoria fácilmente con  torceduras. Su cabeza, con pájaros y sin ellos. Fantaseaba situaciones laberínticas. Concertaba compromisos si encontraba penurias del doliente, ya que penurias eran vivir en contra de vida cálida. Así estaba siendo sentencia al muchacho que quien mandase un labrador blandiendo gestos de arrobo molesto, ante el muchacho enredado en su desgracia una ayuda.

Supo nuestro caballero, aquel desatino del hombre golpeando al dolorido muchacho con cara de reo. Apartaron los limpios de corazón, su horror ante la violencia, la terrible libertad inventada por el confundido, ante el muchacho arrepentido de vivir con cada golpe que sufría duramente. La belleza del paisaje  se encogía sin duda, llorando un alivio para el sufriente protagonista de aquella hora con vinagre bebiéndolo. Al muchacho le tembló la salvación ya que difícil era la ayuda de un humano a otro, ¿O exageraba? El muchacho cerró el llanto suyo y el paisaje. La repulsa del agresor al caballero por entrar en su manera de protestar su acción de castigo sin arrepentimiento. Acertó don Quijote, famoso hidalgo, en presurosa protesta, y le voceó:<<¡Mientes!>>, señaló digno ante la adversidad errada. El hombre vio más fácil confesar un cambio y un buen trato como humano que era. Se dispuso a irse satisfecho por aquel arreglo que sin duda  cumpliría promesa y no tocaría al chico.

Calló buscando su camino más cierto  y vio lo mejor: ofrecerle a su amada Dulcinea del Toboso, su valor y su nombramiento de caballero.