Albert Camus y el Verano. El Norte de Castilla (14/06/2014)

Roca es la soledad cuando cae encima sin ser llamada. La soledad sabe sostenerse en una mínima mano capaz de exprimir el gran dolor en tan diminuto espacio. Lo mejor para esquivarla es leer a un buen escritor o correr libre por el campo. Amo para siempre la lectura de Albert Camus en un verano bajo el magnolio centenario. Uno de los más imaginativos que ha dado el siglo XX. Grande, pleno, diversas ramas con fuerte claridad y otras goteando desconsuelos. Abierto a la riqueza en horas dibujando la vida. O dándole la espalda simulando buscar esconderse. Creía que la manera más idiota de morir era en un accidente de automóvil. El 4 de enero de 1994 se estrelló yendo con su amigo Michel Gallimard que conducía. Allí mismo se encontró el manuscrito en el que trabajaba entonces, ‘El primer hombre’, considerada dicha novela como una de los más importantes de la literatura francesa del siglo ya citado.

Camus es para siempre, aunque gustemos de lecturas de antes y de ahora de muy buenos autores. ¿Por qué solo leen los jóvenes (más mujeres que chicos) determinados títulos de algunas lecturas abriendo desde la primera palabras búsqueda de exitosa venta no siendo buena literatura: solo malamente frívola y llamativa; ni verdadera? O bien, sugerente por su bella fantasía.

Camus y los veranos fueron especiales, una riqueza inolvidable. Sus páginas se comunicaban como ríos o regatos del río Órbigo de Veguellina: imágenes de belleza cercana e intensa. La orilla del río para reposar soñando su ruido casi música escapando entre tierras cuidadas y chopos amigos inolvidables. Sombras de chopo donde leer rodeados bajo un sortilegio (románico o moderno brillante) una comparación adaptada moldeando ya invariablemente algunas lecturas.

Albert Camus, «el amante del aforismo fulgurante» (según Juan Ángel Juristo) y tan fulgurante su obra grandiosa, subrayada. Comentarios, páginas incansables sobre cada uno de sus títulos: algunos tan especialmente intensos, en un afán emocional y justo. En presente y un futuro sin final.

Comenta Camus: «Crecí en el mar y la pobreza fue para mí fastuosa; después perdí el mar, todos los lujosme parecieron entonces grises, la miseria, intolerable. Desde entonces, espero». Cuantas referencias amillones de seres de la actualidad perdiéndose entre la violencia, la carencia, mezquindad: realidades rotas, sueños rotos, infinidad de esperas de puertas abiertas de entrada a la justicia y el orden. Las mejores intenciones para arreglar lo que tanto duele.

El verano llegará amostrar su luz, cambio a un aire de más vida, de consoladores paisajes y misericordias de calor y sosiegos.

Elena Santiago

Publicado en El Norte de Castilla el 14 de junio de 2014